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20/20: celebremos cada día el Año Iberoamericano de la Cultura Científica

Jorge William Tigrero Vaca

El presente artículo es una reflexión sobre la importancia de la formación de una cultura científica dentro de las aulas de clase, entendida como una práctica diaria que debe estar presente durante toda la formación de los estudiantes.

Cuando se pregunta, en el contexto de cualquier nivel educativo, acerca del concepto de cultura, las respuestas que más se repiten indican aspectos como tradiciones, vestimenta, costumbres, lenguaje, incluso comida; si bien, estos elementos forman parte del entendimiento respecto a cultura, es muy importante que, independientemente del nivel educativo en el que nos desenvolvamos, podamos explicar a nuestros estudiantes que el concepto de cultura se refiere al conjunto de conocimientos que posee una persona.

La comprensión del término permite algunas reflexiones, por ejemplo, eliminar el prejuicio que conlleva la expresión “no tienes cultura”, la cual se utiliza principalmente a modo de reprimenda cuando se observa que alguien realiza alguna acción que atenta a las normas de moral o ética. Decir esta frase conlleva un error ya que todo individuo tiene cultura, lo que ocurre es que, dentro de sus conocimientos, no conoce o está dejando de lado la importancia de cumplir con el aspecto por el cual se le llama la atención.

Algo muy similar a lo que ocurre con el término cultura se produce con la palabra ciencia ya que cuando se pregunta sobre su definición, las ideas toman forma de personas con microscopios, trabajando en laboratorios rodeados de tubos de ensayo y probetas. Es fundamental entender que tanto la definición de cultura como la de ciencia están conectadas al poder del conocimiento. El concepto de ciencia puede empezar de diferentes formas, pero involucra el conjunto de conocimientos organizados de forma sistemática y obtenidos mediante observación, experimentación y razonamiento sobre la naturaleza.

Desde el quehacer docente podemos reflexionar acerca de cómo hacer ciencia dentro de nuestras clases, para esto debemos entender que no solamente hay apertura para experimentar en asignaturas que involucren ciencias naturales o exactas, desde toda materia podemos abordar metodologías para generar conocimientos; no solo a modo de explicar algo ya conocido, si no más bien poder desarrollar investigaciones en conjunto con los estudiantes para que desde su formación escolar hagan parte de sus prácticas constantes, la acción de generar investigaciones en distintos campos de estudio con el objetivo de aportar a la sociedad y crear un mejor entorno.

Experimentar, eso es lo que se requiere, entender que este poderoso verbo conlleva lograr que dentro de nuestras aulas de clase generemos retos que motiven a nuestros alumnos, para no caer en el letargo de repetir procesos o fijar solo metas vinculadas a la memoria y obtención de calificaciones. Un diseño experimental conlleva poner en práctica procesos en los que se puedan manipular variables, es decir, identificar qué elementos podemos controlar y medir para que, mediante la aplicación de estímulos, se manejen las condiciones y analizar la forma en que las variables de estudio cambian su estado inicial.

Estos fundamentos se pueden aplicar en todo contexto, por ejemplo, analizar cómo influye en el rendimiento académico alguna innovación aplicada dentro del aula, determinar cuáles son los niveles de competencias de la comunidad educativa respecto al uso de la tecnología, habilidades de lectura y escritura, etc.

Imaginemos qué pasaría si cada docente, cuando debe calificar la nota de proyectos en la materia que imparte, empleara la base de trabajar en conjunto con los estudiantes para la producción de diseños experimentales, tendríamos la aplicación de métodos científicos en campos que irían desde la educación física hasta la química; es decir, se lograría que la ciencia sea una verdadera cultura y esto solo sería posible con acciones diarias, con estrategias que busquen siempre despertar ese sentido de maravillarse por descubrir nuevos horizontes y no caer en el letargo de crecer en un eterno aburrimiento.

Este 2020, tanto docentes como estudiantes debemos fijar el objetivo común de obtener 20/20 en la búsqueda perenne del conocimiento, esa debe ser la consigna para que hagamos de cada día un homenaje a la ciencia, al saber y combatamos el terrible enemigo del tedio y el aburrimiento, que por falta de motivación, muchas veces corrompe a los estudiantes y provoca que pierdan ese deseo por descubrir, cuando es realmente en la escuela, colegio y universidad donde más debe brillar el fuego del conocimiento.

Comunidad de educadores de la Red de Docentes IB – Formaciónib. Guayaquil-Ecuador. Disponible en http://www.formacionib.org/noticias/?20-20-celebremos-cada-dia-el-Ano-Iberoamericano-de-la-Cultura-Cientifica . Consultado: 08/01/2020.